Cuaderno de Calma

Por qué siento esa sensación de irrealidad por la ansiedad acumulada

Una pared puede parecer de cartón piedra sin que nadie haya movido un solo mueble de la habitación. Eso es lo raro de la sensación de irrealidad que llega con la ansiedad acumulada: el entorno sigue igual, cambia lo que el cerebro decide mostrarte de él. En los apuntes que fui tomando de un curso de entrenamiento mental esto tiene nombre, desrealización, y no es una señal de estar perdiendo el juicio, aunque eso sea lo primero que una piensa.

Antes de seguir, el aviso de siempre: algunos enlaces de este cuaderno llevan etiqueta de afiliado, y si acabáis matriculándoos a través de ellos, Hotmart me abona una comisión sin que a vosotros os cueste un céntimo más. Aquí solo apunto cursos que terminé de cabo a rabo — lo que no acabé, no aparece —, y la advertencia principal sigue siendo la misma: soy maestra de primaria, no psicóloga ni médico, así que si tomáis medicación o tenéis un diagnóstico, la última palabra es siempre de vuestro profesional de salud mental.

La sensación de irrealidad que llega con la ansiedad acumulada

Suele empezar con algo físico y pequeño — un hormigueo que sube por la nuca, un mareo leve, el estómago raro —, aunque esa parte de las señales del cuerpo la dejo apuntada para otro cuaderno, porque ahí el curso entra en un terreno que todavía no he estudiado a fondo. Lo que sigue es lo que de verdad desconcierta: el pasillo del colegio empieza a parecer el decorado de una película, o la voz de quien tienes delante llega amortiguada, como si hablara desde debajo del agua. A veces ni siquiera es el entorno — son las propias manos, que una mueve a voluntad y aun así ve como si fueran de otra persona.

Mano escribiendo en un cuaderno apuntes sobre desrealización y ansiedad acumulada, parte del entrenamiento mental diario

Lo anoté la primera vez en el cuaderno de la cocina, con los márgenes ya llenos de subrayados de distintos colores según el módulo del curso. Según el material que fui revisando, esto no es una avería del cerebro: es una especie de mecanismo de defensa, el cuerpo bajando los plomos de la instalación para que no se queme del todo. Despersonalización y desrealización vienen a ser la misma familia de sensación, solo que una se centra en el entorno y la otra en el propio cuerpo.

Cómo el cuerpo baja el volumen del entorno

Nada de esto aparece de la nada, según plantea la profesora que imparte el curso: hace falta que el sistema nervioso lleve tiempo en alerta sin bajar del todo. Cuanto más vigilas por dentro si te va a volver a pasar, menos atención te queda libre para lo que tienes delante — ahí es donde entra lo que el curso llama el bucle entre ansiedad y atención, aunque ese mecanismo con más detalle lo dejo para otro cuaderno.

Ahí la profesora metía un término que apunté pero no me atrevo a explicar con garantías: el córtex prefrontal. Lo relacionaba con la parte que nos mantiene atentos y situados, y decía que pierde fuerza cuando hay demasiada alarma encendida al mismo tiempo. El curso no entraba en más detalle que eso, y yo tampoco voy a estirarlo más allá de lo que entendí.

Esto me sirvió para entender algo que había anotado antes en otra entrada, sobre lo que aprendí sobre los problemas de memoria por estrés laboral: si no estás del todo presente, cuesta igual de poco recordar dónde dejaste las llaves del pabellón que lo último que te dijo la jefa de estudios en el pasillo.

El cansancio y la ansiedad acumulada no son lo mismo

Edurne, una compañera del mismo curso online que trabaja de enfermera en Bilbao, fue la primera en decirme que esa frontera no siempre encaja con lo que ella ve en sus turnos: hay cansancio de trabajar de noche que no tiene nada de ansioso, y ansiedad en pleno descanso que no tiene nada de cansancio físico. A mí me ha servido fijarme en cómo se comporta la sensación más que en cuándo aparece: si se queda plana durante horas, suelo apostar por cansancio; si sube y baja en oleadas según lo que estoy pensando en ese momento, apuesto por ansiedad acumulada. No es una regla de manual, solo el criterio que a mí me ha funcionado para no liarme más. También hay días en que, a media frase, se me escapa la palabra que iba a usar — eso lo anoto aparte, porque el curso lo trata como parte de un bloqueo distinto que todavía no he estudiado bien.

La ansiedad acumulada se llena como una bañera, gota a gota

Antes de estudiar esto creía que la ansiedad funcionaba como un susto puntual, algo que viene y se va, como cuando un coche pita de golpe en un paso de cebra. Pero el curso lo plantea distinto: la ansiedad acumulada se va llenando gota a gota, como una bañera, y el día que desborda da igual si estás en una tutoría tensa o mirando las nubes sin hacer nada — el agua sale por donde puede.

Para no perder de vista de dónde viene ese nivel de agua, me ayudó repasar por qué siento que mi mente va a mil por hora constantemente, porque ese ruido de fondo constante es justo el que va llenando la bañera sin que nos demos cuenta del goteo.

Cuando el problema de fondo es la falta de sueño

Hubo una temporada en que, para dormir mejor esas noches de dar vueltas a la cabeza, instalé una app de sonidos relajantes. No funcionó: el sonido de lluvia de fondo tapa el ruido un rato, pero no arregla un sistema nervioso que lleva meses sin bajar la guardia. Fue de las veces que más claro vi que el problema no estaba en el ruido de fuera, sino en el de dentro.

Esto se agrava si encima no hay descanso real, como les pasa a varias compañeras del cole que han vuelto hace poco de la baja con un bebé que no duerme del tirón. Ahí el consejo típico de "desconecta un rato" falla por completo: sin descanso de verdad, el cuerpo no tiene de dónde sacar la energía para mantener esa sensación de estar en el sitio y el momento correctos, y esto además conecta con cómo la falta de sueño afecta a la memoria a corto plazo — tema que dejo anotado para otra entrada, porque aquí solo me interesa la parte de la irrealidad. No es solo ansiedad en esos casos: es lo que el curso llama una batería cognitiva agotada, y eso no se arregla solo con respirar con calma, sino con ayuda real para poder descansar.

El entrenamiento mental que ayuda a bajar la niebla

Dentro de los materiales que he mirado, el curso de Memoria Extraordinaria es el que más conecta la concentración, la memoria y el manejo del ruido mental, con módulos estructurados que se van anotando sin perderse. No trata la ansiedad de forma directa — eso lo dice el propio curso, no es su foco — y tampoco es el más económico del grupo de materiales que he ido probando, así que no lo recomendaría a quien solo busca abaratar costes. La idea de fondo, según quien lo imparte, es que obligar a la mente a fijarse en un ejercicio concreto — una lista, una secuencia, un repaso con orden — manda la señal de que el entorno es seguro y puede bajar la guardia. Lo que sí he notado es que la ansiedad acumulada parece gastar memoria de trabajo, esa que usas para seguir una conversación sin perder el hilo; ese desgaste en concreto lo trato con más calma en otro cuaderno.

También me vino bien para entender cómo evitar perder el hilo al hablar por falta de concentración, que es justo lo que me pasaba cuando la irrealidad aparecía en mitad de una explicación delante de la clase.

Lo que todavía no tengo claro

No tengo nada claro cuánto tarda el sistema nervioso en dejar de estar tan a la defensiva una vez que uno empieza a cuidar esto — si es algo que se nota de golpe o si baja tan despacio que casi no te das cuenta. Tampoco sé separar del todo cuánto de lo que cuento aquí es ansiedad acumulada y cuánto es, simplemente, llevar demasiados cursos escolares seguidos sin parar de verdad. Hasta ahí todavía no he llegado, y prefiero decirlo así en vez de inventarme una respuesta redonda.

Estos apuntes sobre la desrealización los fui sacando sobre todo de Memoria Extraordinaria. Potencia tu mente para el éxito, que es donde encontré la parte de conectar atención, memoria y ruido mental; la parte de hábitos diarios más sencillos, para bajar revoluciones día a día, la fui completando con Reset Mental, aunque ese segundo exige constancia y se centra menos en la parte de estudio y concentración. Si alguna vez sentís que el pasillo se vuelve de cartón piedra, quedaos al menos con esto: no es que la cabeza se esté rompiendo, es que lleva demasiado tiempo en alerta y está pidiendo que alguien le baje el volumen al mundo de fuera.

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