
Cierro la agenda de un golpe y la ansiedad ya está ahí, antes de que haya mirado siquiera qué toca mañana con los de tercero. El pecho se aprieta igual que si llevara un libro de texto apoyado justo sobre el esternón, y eso que se supone que un domingo por la tarde toca descansar. Llevo un tiempo apuntando en mi cuaderno lo que cada curso online me va aclarando sobre esta sensación tan concreta de la vuelta al cole, y esta entrada junta varias de las preguntas que más me habéis hecho sobre cómo calmar la ansiedad del domingo y sobre la salud mental de los maestros en general, sin promesas de solución mágica, que conste.
Antes de meterme en materia va el aviso de siempre: algunos enlaces de este cuaderno llevan etiqueta de afiliado, así que si te matriculas en un curso a través de ellos Hotmart me paga una comisión y a ti no te cambia el precio ni un céntimo. Lo que veis en las fotos de la libreta es solo lo que terminé de estudiar de cabo a rabo; lo que dejé a medias o no me convenció, directamente no aparece aquí.
La cabeza ya está en el lunes antes de que acabe el domingo
Creía, antes de meterme a estudiar esto, que el agobio dominical era solo tener mucho trabajo pendiente, pero un domingo especialmente gris me di cuenta de que el nudo empezaba mucho antes de abrir la agenda. En el curso Reset Mental lo explican por el cambio brusco de ritmo: pasamos del sábado sin horarios a la responsabilidad del lunes sin ninguna transición de por medio, y la cabeza rellena ese hueco con anticipación, una forma de gestión del estrés que el cuerpo hace solo, sin que se lo pidas. La profesora lo llamaba algo parecido a un bucle de atención que se retroalimenta: cuanto más miras lo que puede salir mal mañana, más sube el ruido de fondo de la cabeza. No entró a fondo en ese mecanismo porque no era el foco del módulo que hice, pero lo dejé apuntado para revisarlo más adelante.
Aprendí, eso sí, que calmar los nervios antes de ir a trabajar al colegio empieza por aceptar que esa transición existe, no por fingir que el domingo es un día como otro cualquiera. Ahí es donde entra la parte de estructurar en vez de vaciar la cabeza, que es justo lo que más se me resistía.

Lo que no me funcionó en mi rutina de domingo: la app de sonidos para dormir
Hace tiempo instalé una aplicación de sonidos relajantes pensando que el problema era simplemente no lograr desconectar el cerebro antes de dormir el domingo. No funcionó: seguía con la lista de tareas del lunes dando vueltas, solo que ahora con lluvia de fondo de por medio.
En el curso lo explican por cómo funciona la memoria de trabajo cuando anda saturada: la quietud pasiva no ayuda porque el cerebro sigue buscando dónde colocar la preocupación pendiente, así que un sonido de fondo tapa el síntoma un rato, pero no cambia nada de fondo.
El curso nombraba también, de pasada, el papel del cortisol en todo este desgaste, sin entrar en el mecanismo exacto, y yo tampoco lo tengo estudiado a fondo todavía, así que lo dejo apuntado sin más.
Lo que sí me ayudó fue cambiar de enfoque con lo que trabajé en Memoria Extraordinaria. Potencia tu mente para el éxito: en vez de silencio forzado, una tarea de baja intensidad pero con estructura. En mi caso, caminar un rato por el Canal Imperial de Aragón antes de que oscurezca, sin música ni pódcast, solo mirando el agua mientras las ideas se van ordenando solas.

No hace falta quedarse completamente quieta y en silencio
Según lo que plantea el curso, no, y a mí el silencio total me pone peor, no mejor. Mi amiga Cinta Moragues, que también anda metida en esto de estudiar la ansiedad, dice que ella trata sus preocupaciones del domingo como si fuera un equipo al que hay que repartir tareas, no una reunión que hay que callar. Se le nota la deformación profesional de recursos humanos hasta en esto, pero no le falta razón: si le doy a cada preocupación un sitio concreto en el cuaderno, deja de dar vueltas suelta por la cabeza. Ese quitarle protagonismo al pensamiento sin pelearme con él es algo que el curso menciona de pasada y que todavía no he estudiado a fondo.
Cuando anoto todo esto lo hago en la mesa de la cocina, junto a la ventana, con la libreta de hojas lisas donde separo cada sección con marcadores de color y las fotocopias grapadas de los módulos llenas de subrayados en tres tonos distintos. A veces el ruido del barrio de San Pablo se corta de golpe un segundo y noto cómo la cabeza lo registra antes que yo, como si ese silencio repentino pesara más que el ruido de antes. La taza se me ha quedado fría más de una vez mientras releo un módulo entero sin darme cuenta de que el tiempo pasaba.

Notar la diferencia sin ponerle una cifra encima
No tengo una fecha exacta que darte, pero sí un momento que se me quedó grabado: mi madre me miró un domingo cualquiera y me soltó, casi de pasada, que me notaba más tranquila que antes, y puede que tenga razón, aunque a mí me cueste verlo desde dentro. No fue una app ni un truco puntual lo que cambió las cosas, fue la acumulación de estas notas sin llevar la cuenta de cuántas.
El curso menciona de refilón que el cuerpo suele avisar antes que la cabeza, hombros que bajan, mandíbula que se afloja, pero no me detengo en esa parte porque no era donde ponían el foco los módulos que hice.
Lo que todavía no tengo claro
Hay preguntas que se quedan abiertas después de cada módulo, y esta ronda no es distinta. No sé, por ejemplo, por qué unos domingos el nudo es casi imperceptible y otros me cuesta hasta soltar el aire, con la misma carga de trabajo esperándome el lunes.
Tampoco tengo claro dónde termina la ansiedad normal de la vuelta al cole y dónde empieza algo que debería mirar con un profesional, y ojo, si a ti la ansiedad te bloquea el día a día o llevas medicación o un diagnóstico encima, esa es justo la señal de acudir a alguien cualificado en salud mental, no de fiarte de mis apuntes de cuaderno.
Edurne Garai, una compañera de curso de Bilbao que suele escribir mensajes larguísimos y muy precisos en el foro, me preguntó hace poco cómo distinguía yo el cansancio normal del agotamiento mental de verdad, y tuve que reconocerle que hasta ahí todavía no he llegado.
Si notas que la cabeza se te dispersa y eso alimenta el agobio, ten en cuenta que saber qué hacer cuando tienes la mente dispersa es algo que se entrena, no un rasgo fijo de personalidad. Casi todo lo que os cuento aquí sobre ordenar el pensamiento lo saqué de mis apuntes de Memoria Extraordinaria, que fue el curso que me dio la base para entender que buena parte de mi ansiedad dominical era, en el fondo, falta de confianza en mi propia organización mental.
Sigo siendo la misma maestra algo nerviosa de siempre, pero el lunes ya no se me presenta como un muro imposible de cruzar. Me queda mucho cuaderno por rellenar, y esta lista de preguntas seguramente crecerá antes de que llegue el próximo domingo gris.