Cuaderno de Calma

Cómo superar la falta de concentración al planificar clases en casa

En cumplimiento de la Ley 34/2002 (LSSI-CE), artículo 20, sobre comunicaciones comerciales, este cuaderno indica la presencia de enlaces de afiliado. Si compras algo a través de alguno de ellos, recibo una comisión del comerciante, sin que el precio que pagas tú cambie.

Doce pestañas del navegador abiertas a la vez y ni una sola me decía por dónde empezar con la programación de Naturales. Ahí estaba, buscando esa concentración docente que no aparecía por ningún lado, saltando de la guía didáctica al grupo del cole y de vuelta al documento en blanco, sin lograr que la cabeza se quedara quieta el tiempo suficiente para escribir una frase entera. La ansiedad, para las maestras, no siempre se nota en el aula; a mí, sobre todo, se me dispara cuando toca planificar las clases de la semana y la memoria y el foco parecen habérseme ido sin avisar.

Antes de seguir, un aviso rápido: algunos enlaces de este cuaderno van etiquetados, y si te matriculas en algún curso a través de ellos, la plataforma me abona una comisión sin que a ti te cueste ni un euro más. Solo dejo aquí lo que yo misma he estudiado; lo que empecé y no terminé, no aparece en estas notas. Y si tomas medicación o tienes un diagnóstico, lo primero es siempre tu médico, yo solo soy una maestra apuntando lo que va entendiendo.

Por qué me cuesta tanto concentrarme cuando planifico las clases en casa

Manos de una maestra sobre un cuaderno en blanco, buscando concentración docente para planificar clases de primaria junto al libro de texto.

Mientras alguna amiga mía aprovecha los domingos para salir a hacer fotos por el casco histórico, yo llevaba meses así: plantada frente al portátil sin lograr avanzar una sola línea de la programación. Esto lo empecé a apuntar en el cuaderno allá por febrero, cuando ya estaba harta de sentirme torpe con algo que debería dominar.

Según lo que explicaban en el curso Memoria Extraordinaria, esto no va tanto de si domino o no la materia, sino de que la memoria de trabajo se me satura con la ansiedad de fondo y ya no queda sitio para pensar con claridad en lo que quiero enseñar. Lo achacan a una especie de bucle entre la ansiedad y la atención: cuanto más nerviosa me pongo por no avanzar, menos me concentro, y cuanto menos me concentro, más nerviosa me pongo. Es algo parecido a lo que me pasaba cuando quería mejorar la concentración para corregir exámenes sin sentir ansiedad: el mecanismo de fondo se repite, cambia solo la tarea.

Ya lo noto en el cuerpo antes de que la cabeza se me disperse del todo, una opresión concreta en el pecho que llega antes que cualquier pensamiento claro. Las noches que duermo mal se nota directo al día siguiente en lo poco que consigo retener, según decía también el curso, aunque de eso no me dieron mucho más detalle.

La orientadora del centro no fue la solución

Temporizador Pomodoro sobre carpetas escolares, un intento fallido de recuperar la concentración docente para planificar clases en casa.

Con la orientadora del centro probé algo distinto, antes de llegar a estos apuntes. Pensé que me daría alguna pauta para organizarme mejor por dentro, pero sus respuestas iban más dirigidas a protocolos para los peques con dificultades que a cómo se me iba a mí la cabeza cuando me sentaba a planificar. Salí de aquella charla con la sensación de que el problema era mío y no tenía muy claro dónde meterlo.

También probé una aplicación de Pomodoro con un tic-tac de fondo, convencida de que ponerle límite al reloj me obligaría a concentrarme. Me duró tres tardes: el sonido del contador me subía la tensión en el pecho en lugar de bajarla, y acabé cerrando la aplicación antes de terminar el primer bloque.

Algo parecido me pasa con ciertos momentos muy concretos del aula que me disparan la ansiedad de golpe, aunque eso da para otro cuaderno aparte. También me entra, a veces, el miedo a que en el claustro se note que no tengo ni idea de organizarme por dentro, aunque esto ya es otro cantar que no viene mucho a cuento aquí. A estas alturas del curso escolar, con el cansancio acumulado de los 175 días lectivos obligatorios ya a cuestas, cualquier cosa que sume ansiedad de más pesa el doble. Por suerte esto nunca ha llegado a convertirse en un ataque de pánico en toda regla -- eso el curso lo trataba aparte, y prefiero no mezclarlo aquí.

Cómo organizo ahora la memoria y el foco antes de sentarme a planificar

Portátil y cuaderno organizados para trabajar la memoria y el foco al planificar las clases con menos ansiedad.

Lo que mejor me ha funcionado, de momento, es dejar de planificar «Naturales» a secas y bajar a fragmentos concretos: hoy solo las tres frases de la introducción de las plantas, mañana la actividad de repaso. El curso insistía mucho en reducir la carga que le entra a la cabeza desde fuera, y fragmentar así me ha quitado buena parte de esa sensación de estar escalando una montaña cada vez que abro el portátil.

Necesito casi silencio total para meterme en esto -- nada de música con letra ni de ruidos de fondo -- porque el mínimo estímulo me saca de la tarea antes de haber empezado. Si me viene un pensamiento ansioso de en medio, sobre un padre o una reunión pendiente, lo apunto en una hoja aparte solo para sacarlo de mi cabeza un rato; el curso lo llamaba algo así como bajarle el volumen al ruido mental, y cuando me acuerdo de hacerlo, me libera sitio de verdad.

Los domingos por la tarde, solo con pensar en el lunes, ya se me revoluciona la cabeza antes incluso de abrir el portátil -- ese anticipo también lo nombraban en el curso, aunque el tema en profundidad no lo tengo estudiado. Y aunque también enseñaban formas de bajar la tensión del pecho antes de sentarme a trabajar, esa parte concreta no fue la que más apunté.

Aun con todo esto, hay tardes en que termino de planificar y sigo notando la cabeza espesa; para esos días busco qué hacer para eliminar la niebla mental después de clase cada día, que me ha dado pistas que aquí no caben. Y cuando lo que falla no es la niebla sino el cansancio de fondo acumulado de varias semanas, lo mejor es parar y mirar cómo superar el agotamiento mental y recuperar la claridad antes de forzar la máquina.

Lo que todavía no tengo claro

Lista de tareas de planificación escrita a mano, con las dudas que aún quedan sobre cómo gestionar la ansiedad docente.

Todavía no tengo nada claro cómo gestionar los picos de ansiedad cuando surge un imprevisto en el cole que me desmonta toda la planificación de la semana. El curso me ha dejado apuntes útiles para la memoria y el foco, pero la parte de adaptarme rápido al caos del aula se me sigue escapando bastante; supongo que me tocará estudiarlo en otro cuaderno.

Hacia la cuarta semana de llevar esto por escrito, mi madre me comentó, sin venir mucho a cuento, que me notaba más tranquila un domingo que la llamé quejándome de lo de siempre. No sé si es el cuaderno, la costumbre de fragmentar las tareas o simplemente que ya no me pilla de sorpresa, pero apunté la frase de todos modos, porque algo había cambiado.

Si me quedo con una sola idea de estos meses es esta: el problema casi nunca es no saber la materia, sino no dejar sitio en la cabeza para pensar en ella con calma. Ese hueco hay que fabricarlo aparte, a propósito; no aparece solo por mucho que uno se lo proponga un domingo cualquiera.

Si os veis reflejadas en esto de querer concentraros y sentir la cabeza como una radio mal sintonizada, no os culpéis; no es falta de vocación ni de capacidad, es simplemente no haber encontrado todavía dónde está el nudo. Casi todo lo que llevo aplicando estos meses para recuperar algo de concentración docente lo saqué de mis apuntes del curso Memoria Extraordinaria. Potencia tu mente para el éxito (con una valoración de 4.3 sobre 5, por si eso os dice algo a la hora de decidiros). No hace milagros, pero explica el porqué de las cosas, y a las maestras nos gusta que nos expliquen bien el porqué.

Que estos apuntes os sirvan para que vuestro próximo domingo de planificación sea, al menos, un poco más tranquilo que los míos de hace unos meses.

Artículos relacionados